Juan y Mari: una historia de compromiso entre Suytun y Valladolid
Una propuesta acompañada por la familia, una sesión entre piedra y calles coloniales y un visitante inesperado al final.
Hay sesiones que uno recuerda por las fotografías. Y hay otras que permanecen en la memoria por todo lo que ocurrió alrededor de ellas.
La historia de Juan y Mari pertenece a las segundas.
Desde el principio había algo distinto: los padres de Juan los acompañaron. Eso hizo que el día dejara de sentirse únicamente como una sesión de pareja y se convirtiera también en un pequeño encuentro familiar alrededor de un momento importante para los dos.
Entrar a Suytun cambia el ritmo de todo
Al bajar al cenote, el exterior desaparece. La mirada necesita adaptarse a la oscuridad y poco a poco comienzan a aparecer la piedra, el agua y la plataforma central.
Con Juan y Mari quería que Suytun fuera parte de la historia, no solamente un fondo. Por eso alterné fotografías donde ellos ocupan el centro con otras donde la escala de la caverna es protagonista.
Los padres de Juan también fueron parte del día
Que sus padres estuvieran presentes cambió la energía de la sesión. Estaban acompañando a su hijo y compartiendo con Mari un momento que, con el tiempo, probablemente recordarán todos de manera distinta.
En este tipo de historias me interesa conservar algo más que la pareja frente a un lugar bonito. Me interesan los gestos, las miradas y las personas que forman parte de ese momento.
Algunas fotografías se vuelven más importantes con los años, porque también guardan a las personas que estuvieron ahí.
Una sesión que fue cambiando con la luz
Suytun tiene una personalidad distinta según el punto desde el que lo mires. La plataforma, los reflejos, las estalactitas y las zonas iluminadas crean varios escenarios dentro de una misma caverna.
Eso nos permitió construir una secuencia de fotografías sin necesidad de llenar el lugar de elementos. Juan y Mari, la piedra, el agua y la luz eran suficientes.
Después del cenote, cambió completamente la historia visual
Al salir de Suytun seguimos fotografiando. Valladolid nos dio una segunda atmósfera: luz directa, fachadas coloniales, plazas, sombras y color.
La diferencia entre ambos lugares es precisamente lo que hace interesante combinar la experiencia. Dentro del cenote todo se siente contenido e íntimo. En Valladolid la sesión respira.
Y al final apareció un pájaro toh
Cuando parecía que la sesión ya había terminado ocurrió algo que nadie había planeado: recibimos la visita de un pájaro toh.
No hacía falta convertirlo en una gran metáfora. Simplemente fue uno de esos pequeños acontecimientos que terminan formando parte de la memoria de un día.
Podemos organizar horarios, locaciones y fotografías. Pero algunas de las cosas que hacen especial una historia aparecen sin que nadie las haya puesto en el itinerario.
Lo especial no fue solamente Suytun
El cenote fue extraordinario. Valladolid nos dio otro lenguaje visual. La presencia de los padres de Juan hizo que el día tuviera una dimensión familiar. Y el toh apareció como un cierre inesperado.
Pero la historia sigue funcionando por algo más sencillo: Juan y Mari se permitieron vivirla sin convertir todo en una producción artificial.
Eso es lo que busco conservar cuando fotografío una pareja: no solamente cómo se veía el lugar, sino cómo se sintió estar ahí.
¿Quieres contar tu propia historia en Valladolid?
Cuéntame la fecha, quiénes viajarán contigo y qué tienes en mente. Podemos construir una experiencia personal sin convertirla en una fórmula.
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